La Habana, Buenos Aires, Montevideo, Suiza, Alemania. Miles de kilómetros los separan de Culleredo, Ferrol, Ames, Portomarín o Silleda. Miles de recuerdos los vinculan, íntima, indisociablemente, con miles de vidas, de familias, de negocios. La emigración, uno de los grandes mitos fundacionales de la Galicia contemporánea, no fue tan sólo el valiente viaje desde el inconformismo individual y colectivo. Supuso avances sociales y económicos para pueblos, villas y comarcas. Supuso el crecimiento de Galicia, su absorción de innovaciones y mejoras, su evolución desde la periferia hasta la moderna concepción de su estructura actual. Esto se ha producido desde los viejos tiempos de la Belle Epóque hasta los inicios de una Revolución Verde teñida de desarrollismo. Esta es una realidad paradigmática en Imprenta Paramés.
Su fundador, Emilio Paramés González, emigró a La Habana en 1919 como otros muchos. Buscaba nuevas oportunidades en una economía más avanzada. Hacerse nombre y fortuna, ser el orgullo de su familia y parroquia y ganarse un regreso con honores. Pero este camino no lo encontró desde el capital. La senda del respeto y el servicio a la comunidad lo halló desde su formación, su trabajo y su determinación. En la isla caribeña había aprendido un oficio. Las artes gráficas comenzaron como su forma de ganarse el pan y acabaron siendo su pasión. Esta predilección lo llevó a invertir su dinero en la primigenia imprenta. Actividad salida de sus deseos y que se transformó en una forma de evolucionar y crecer en su comarca, donde había querido vivir. Desconocedor de su impacto futuro, se convertiría, con el inefable paso del tiempo, en un referente en Ferrolterra.
Pero esto no ha sido producto de la visión de un hombre, del azar o del mercado. Ha sido producto del esfuerzo de tres generaciones tocadas por un don casi genético, por el cariño a este sector. Por su entusiasmo diario, transmitido por Emilio a su mujer, de ésta a su hijo y de éste a su nieta, Pilar Paramés, en un trasvase unido a la sangre. Entusiasmo que les ha llevado a desarrollar una política de buen trato hacia sus clientes. Entusiasmo por evolucionar y mejorar con los tiempos. Entusiasmo, potenciado por un carácter perfeccionista, que llevó a la familia Paramés a ser una de las primeras imprentas que utilizó offset o a sustituir la máquina de escribir por el ordenador. No se olvidaron tampoco de ofrecer un importante servicio a sus trabajadores. Antaño, no hace tanto tiempo, el oficio no se generaba en modernos centros educativos. Surgía desde la grasa de las máquinas, desde la tinta en los brazos y en el papel, mezclada con el sudor y el esfuerzo diario de sus empleados. Esfuerzo por cumplir con las demandas de calidad, tiempo y gestión de sus productos. Así, cuando se hablaba de Paramés no sólo permanece implícito el valor de la experiencia de sus ochenta y siete años de servicio. Sino que avanza, se incorpora con fuerza al imaginario colectivo de su entorno, su patrimonio, invariablemente determinado por su discreción y calidad. En definitiva, por Imprenta Paramés.